Presentamos Banana Fish, una de las licencias más esperadas y demandadas por los aficionados, anunciada como novedad por Panini Manga en el pasado Salón de Barcelona. Ya tenemos publicados los dos primeros tomos (protagonistas de ésta reseña), esperándose el tercero a finales de febrero, para ir completando poco a poco la serie prevista de once volúmenes.

Sobre la obra.

Uno de los trabajos más reconocidos de la autora Akimi Yoshida, nacida en 1956 en Shibuya, Tokio. Banana Fish fue serializada en la revista nipona Bessatsu Shôjo Comic entre 1985 y 1994. Posteriormente sería publicada en 19 tomos “sencillos” (tankobon), además de varios suplementos.

La propia autora publicó, en su momento, una historia corta, “Garden of Light”, que está considerada como el epílogo oficial de la obra. No sabemos si es que el final de la obra no es todo lo “redondo” o “cerrado” que sería deseable (como ocurre, por ejemplo, con “20th Century Boys” de Urasawa), habrá que esperar a la lectura del último volumen para comprobarlo.

Tuvo su correspondiente adaptación al anime, en el año 2018 por parte de la productora MAPPA, estando disponibles sus 24 episodios en la plataforma Amazon Prime Video.

Edición.

Panini Manga nos presenta la obra en formato de tomos “dobles”, “máximum” o “de luxe” (como queramos denominarlo) en rústica con sobrecubiertas. Estos dos primeros tomos tienen unas 370 páginas cada uno, aproximadamente, con una medida de 15 x 21 cm, en blanco y negro, con un precio aproximado de 16 euros.

Mencionaría aparte la, en mi opinión, acertadísima elección del diseño de las sobrecubiertas. Ese amarillo tan llamativo, en la totalidad de las mismas, que contrasta magníficamente con el blanco y el negro que aparece, además de los dibujos de portada y contraportada insertados en “partes” o fotogramas de celuloide…hacen, en su conjunto, que el cliente que entre en la librería o tienda de turno sea “atraído” por éste acertado diseño para, al menos, acercarse y ojear el tomo.

Si quitamos las sobrecubiertas nos queda un tomo como otros muchos del mercado: negro en su totalidad, nada en la contraportada, y el mismo dibujo en la portada que aparece en la misma de la sobrecubierta nada más que en blanco, al igual que el rótulo principal.

Un detalle que me ha llamado muchísimo la atención, por no ser habitual, es que la obra “carece de capítulos”. Es decir, no está estructurada en capítulos, episodios o secciones; sino que, directamente, el lector comienza a leer y, durante la totalidad de estos dos primeros volúmenes, todo el relato se desarrolla de forma continua.

Argumento.

Guerra de Vietnam, década de los ’70. Un pequeño grupo de soldados norteamericanos se encuentran en uno de los múltiples diseminados del país asiático. Un extraño, por inesperado, y grave suceso va a producirse relacionado con dos palabras…Banana Fish.

Posteriormente la “actualidad” de la obra nos sitúa en el Nueva York de mediados de los ’80, unos quince años después de los sucesos de Vietnam. Un chico muy joven es el líder de una de las múltiples bandas de delincuentes, más o menos juveniles, que abundan en la ciudad. Además de eso, éste joven mantiene una “especial” relación con uno de los capos mafiosos más importantes de la ciudad.

Su ya establecida relación va a dar un giro, o cambio de rumbo, provocado por el “término” Banana Fish. Todo ello envuelto en un “ambiente” de violencia, disparos, palizas, persecuciones, traiciones, engaños, etc.

Banana Fish

Guión.

Sigue los cánones clásicos de las obras de género “negro”, “policiaco” o “noir” (como queramos denominarlo); aun no teniendo esa “atmósfera” del género, como tienen los cómics europeos o americanos, al tratarse de un manga.

Por lo tanto, aunque el guion no es nada extraordinario, sí que cumple su cometido de desarrollar una trama clásica del género, volvemos a repetir, donde (hasta el momento) tenemos la incertidumbre de como el protagonista y los personajes secundarios que le acompañan, podrán llevar a cabo las acciones que tienen planeadas y de como irán, si es el caso, sorteando las dificultades que vayan encontrando.

Banana Fish

Apartado gráfico.

Aquí es donde la obra, en opinión del que suscribe, deja mucho que desear…por no decir que fracasa estrepitosamente. Voy a circunscribirme a lo que me he encontrado en estos dos primeros tomos y a mi opinión como lector, sin cuestionar la valía o el reconocimiento que pueda tener la autora por su trayectoria profesional y sin conocer cualquier otra obra suya.

Pero es que el dibujo es, francamente, “flojo”. Con independencia de que la autora, al menos en ésta obra, tenga un trazo “sencillo” o de que refleje con más o menos fidelidad el estilo que, es posible, se “utilizara” en la época en la que fue concebida la obra (mediados de los ’80)…es que tiene varios aspectos bastante negativos.

De menor a mayor importancia:

– Hay numerosas viñetas cargadas, y recargadas en ocasiones, con bastante texto, sobre todo en relación con su tamaño.

– Ausencia, prácticamente “total y absoluta”, de fondos. Ni en interiores ni en exteriores. Escasean también, de manera llamativa, los detalles, accesorios, instrumentos…elementos que pueden enriquecer el dibujo.

– Los “bocadillos de diálogo” tienen un extremo tan exageradamente diminuto que, en muchísimas ocasiones cuesta horrores saber que personaje está diciendo lo que estamos leyendo.

– El más grave de todos: los rostros. Muchos personajes son (aunque estamos en una obra en blanco y negro) hombres de raza blanca con pelo rubio, se supone. Pues bien… ¡tienen todos los mismos rostros! A no ser que tengan algún bigote, o el corte de pelo muy diferente, llegan hasta a confundirse y en un determinado momento no sabes quién es quién. Hay una viñeta concreta donde el joven protagonista es introducido en un despacho por dos funcionarios… ¡los tres tienen

la misma cara! Otro ejemplo: hay dos japoneses que han llegado a la ciudad para realizar un trabajo y pronto pasan a formar parte de los protagonistas; son un chico muy joven y una persona más adulta; pues, salvo por el bigote del segundo… ¡son idénticos!

Banana Fish

Conclusión.

La historia, sin ser nada extraordinaria, sin ser de aquellas que uno pueda llegar a recordar como de las mejores que ha leído, puede estar bien para los amantes del thriller. Sin embargo, los aspectos que no me han gustado en el apartado gráfico hacen que, al menos, no la recomiende encarecidamente.

Antonio Mompeán Mayol.

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