La llegada de la primavera significa también la llegada de los macroeventos típicos de la editorial Marvel Comics.
Macroeventos sin demasiado rumbo con los que la editorial norteamericana nos viene atizando de forma cada vez más frecuente, para satisfacción de los lectores casuales y hartazgo de los habituales.
Este año, Marvel ha decidido dar los mandos de la nave a Jason Aaron y Russell Dauterman para que, mediante un evento de 6 números (más el correspondiente aluvión de infinitos tie-ins irrelevantes como de costumbre) para poner un clímax final a los asuntos que se han venido perfilando en la colección regular de Thor desde que Jason Aaron se hiciera cargo de la misma. Este evento recibe el nombre de War of the Realms.

Los antecedentes.

Fue allá por el año 2012 cuando la editorial Marvel Comics le encargó al reconocido guionista norteamericano Jason Aaron que se hiciera cargo de la colección de Thor, uno de los tres grandes Vengadores. A lo largo de estos últimos 7 años, el guionista ha venido desarrollando una suerte de etapa-río (con diferentes puntos de inflexión) en la que ha ido plantando las semillas de lo que se prometía como una épica conclusión y cierre con esta Guerra de los Reinos.

La etapa de Aaron a los mandos de Thor, acompañado de artistas de la talla de Esad Ribic, el propio Russell Dauterman y, más recientemente, Mike del Mundo, no es una etapa libre de polémica y controversias. Mientras que sus defensores la consideran una de las etapas más brillantes y recomendables (colocándola incluso al nivel de aquellos magníficos números de Walter Simonson), sus detractores le acusan de haber pervertido la mitología del personaje, haber llevado a cabo cambios innecesarios que solamente son entendibles de cara a la galería y haber traicionado el espíritu clásico de la colección.

Sea del modo que sea, lo que sin duda parece innegable, es que Jason Aaron ha marcado con su huella la colección del Dios del Trueno marvelita, y su paso por la serie difícilmente ha dejado indiferente a los lectores que se han acercado a estos cómics a lo largo de los últimos años. Pese a que es obvio que una etapa de tanta duración siempre atraviesa puntos álgidos y otros no tan notables, resulta fácil comprender, por lo tanto, las razones por las que este evento marvelita parecía contar con más expectación y unas expectativas algo superiores, al menos por parte de lectores veteranos, respecto a sus predecesores.

El evento

Leídos los dos primeros números (recordemos, sobre un total de seis), tenemos inevitablemente que hacernos la siguiente pregunta: ¿Parecen estar justificadas estas expectativas? En mi modesta opinión, y al menos en su arranque, la respuesta debe ser claramente negativa. Voy a intentar justificar a lo largo de las siguientes líneas las razones por las que pienso que podemos encontrarnos una vez más ante lo mismo de siempre y ejecutado de una manera que ni siquiera es claramente superior a la media.

Jason Aaron lleva años jugando la carta de la Guerra de los Mundos. Ya empezó cuando introdujo por primera vez a Malekith, el rey de los elfos oscuros, en su etapa. Un personaje que se remonta a los años 80, a la increíble etapa de Walter Simonson ya mencionada, pero al que Jason Aaron ha querido convertir en el gran villano de fondo a lo largo de todo su recorrido en la colección. Un clímax que se ha ido estirando y alargando en el tiempo de forma probablemente innecesaria y que parece reclamar su conclusión definitiva no en el seno de la colección regular sino en la forma de un clásico evento Marvel.

War of the Realms

A la altura de la eclosión de este evento, todos los reinos fantásticos han caído presa de la ofensiva de Malekith y ya solamente queda en pie Midgard, el mundo de los mortales. Es aquí donde el evento arranca, con la ofensiva de Malekith al mundo de los humanos. Una ofensiva que, para variar, tiene su entrada a partir de la ciudad de Nueva York.

Esto no sería demasiado destacable (todos sabemos la querencia que tiene Marvel por la citada ciudad). El grave problema es que el propio evento parece querer decirnos que no le tomemos demasiado en serio. Lejos de una narrativa épica (pese a los intentos de la narración plomiza en cajas de texto intentando imbuirnos de un espíritu de seriedad sin conseguirlo) que cabría esperar de un acontecimiento de tal magnitud, el equilibrio tonal de la historia se va por el retrete desde el mismo momento en que los propios héroes implicados parecen tomarse la amenaza como si de un chiste con risas enlatadas se tratase.

Argumento de The War of the Realms

Argumentalmente, la historia carece de soporte alguno. Parece que estemos simplemente ante la última excusa editorial para montar unos números dedicados a darse unos puñetazos.
Y es que tampoco parece muy clara cual es la trascendencia de este evento para el status quo del Universo Marvel. Uno pensaría que estamos ante la conclusión lógica del Thor de Jason Aaron, pero el propio cómic busca ya desde el principio una solución, tan chusca como utilitaria, para sacar a Thor de la escena principal, mientras la presencia del resto de los héroes parece seleccionada más en razón de su estatus de “molonidad” que por las razones de peso argumental que puedan tener para verse implicados

El dibujo de War of the Realms

El arte de Russell Dauterman, como suele ser habitual en este dibujante, es más que notable. Nos transporta por las páginas de manera fluida, y se marca algunas viñetas ciertamente espectaculares. A ello contribuye también, como no podía ser de otro modo, el color aplicado por Matt Wilson, que demuestra una vez más como es uno de los mejores coloristas del mercado del comic norteamericano en la actualidad.

Sin embargo, el notable apartado gráfico de estos dos números, no consigue remontar la sensación de vacío argumental de la historia. Siendo, quizás, un poco duros podríamos llegar a concluir más bien que, tal y como sucedió por ejemplo en Civil War II, Marvel busca recurrir a un equipo artístico de excepción para ver si así, mediante los fuegos artificiales de artistas de gran talento, consiguen tapar de alguna manera el vacío de ideas que tiene detrás este evento extemporáneo e innecesario

Valoraciones de The War of the Realms

Todavía nos quedan por delante otros cuatro números de este evento. Las cosas pueden mejorar y, al menos, lograr cerrar con un mínimo de dignidad y entereza la que para muchos ha sido una de las mejores etapas del dios nórdico favorito de los aficionados a los comics Marvel.

Sin embargo, las dos entregas publicadas hasta la fecha en que se escriben estas líneas, no permiten en absoluto ser optimistas al respecto. Ha sido un arranque pobre y genérico, totalmente roto, con un villano al que prácticamente nadie parece tomar en serio, con un elenco de personajes que parece más seleccionado por su fama que por razones que justifiquen su presencia. Un arranque que, en definitiva, no me merece otro calificativo que el de decepcionante.

Quizás no alcance los niveles de despropósito alcanzados por Civil War II o Secret Empire. Pero creo que Thor y el Universo Marvel merecían más. De momento, Jason Aaron no parece estar a la altura del broche de oro con el que cerrar su etapa. Ojalá me equivoque, de verdad que sí, pero tiene la pinta del clásico evento Marvel más interesado en las ventas y el marketing que en ofrecer historias que trasciendan y repercutan en el verdadero devenir del Universo Marvel.

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